Pierre de Zutter
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“Quinua y territorio”: una joya de experiencia

Sólo quería buscar un dato, lo abrí… y volví a leerlo íntegro (había visto el borrador hace casi año y medio). El libro que AVSF está publicando sobre su experiencia en la zona Intersalar de Bolivia (provincias de Garci Mendoza y de Daniel Campos) es una pequeña joya que nos ayuda a todos los que estamos en busca de un mejor trabajo con familias y organizaciones rurales, con los recursos naturales, con la vida.

Me apasionó entre otras cosas porque demuestra la validez del enfoque y metodología de devolver a la gente la responsabilidad de decidir, gestionar y ejecutar su propia asistencia técnica, sus acciones, sus inversiones y obras. De incentivar aprendizajes con el sistema de concursos y premios en dinero. Esta vez es una ONG la que, en el contexto boliviano, confirma que la confianza en la gente no es solamente valedera sino indispensable.

Me apasionó porque los colegas actuaron como se debe: recreando de acuerdo a las circunstancias locales. De ahí que nos brindan varias innovaciones muy interesantes. Comenzar con concursos de conocimientos para visibilizar y legitimar las potencialidades locales. Establecer una secuencia entre el trabajo con las chacras, casas y rebaños y las inversiones en negocios. Buscar (con tropiezos y aciertos) un equilibrio entre el dejar que la propia gente decida y haga y el rol del proyecto para orientar hacia ciertos ejes esenciales (los “contenidos marco” de Guillermo van Immerzeel), generalmente con concursos intercomunales específicos sobre determinados temas. Fomentar al máximo el involucramiento de los “residentes” (comunarios que residen en otras partes pero siguen perteneciendo a la comunidad y teniendo derechos sobre las tierras). Crear su propia modalidad de apoyo a inversiones grupales o comunales (con la aprobación de reglamentos de uso y de cuidado del territorio, en forma previa a la inversión). Etc.

Me apasionó porque está centrado en un punto que nos desvela desde que tenemos proyectos que ya no trabajan sólo con comunidades campesinas reconocidas sino con todo tipo de grupos y organizaciones locales, sin que haya necesariamente continuidad y organización territorial. El proyecto Intersalar tenía como desafío la “sostenibilidad de los sistemas de producción y la seguridad alimentaria”. Ambos temas condujeron a verificar que la sostenibilidad pasaba de todas maneras por el rescate, reconstrucción y vigorización de uan gestión territorial en el contexto de estas zonas que vivían de la complementariedad entre quinua y camélidos y que están sometidas ahora al boom comercial de la quinua con su empuje a un monocultivo extractivo y no sostenible.

Encontré ahí muchos ecos de lo que hacía Marenass estimulando normas comunales para una mejor gestión; de lo que hacía Corredor Puno-Cusco al cofinanciar “perfiles de negocios” en el marco y bajo el control de las comunidades. Muchos ecos y también muchos esfuerzos complementarios que deberían servirnos para pensar gestión de recursos naturales con una dimensión territorial, sea con comunidades “territoriales” sea con simples “asociaciones” u organizaciones de cualquier tipo.

Un documento que debería ser de lectura obligatoria para cualquiera de los que trabajamos en este campo y en esta óptica. Además se lee con bastante facilidad y aporta muchos ejemplos y testimonios concretos de los propios actores. Y está escrito y realizado por gente del mismo proyecto (Dorian Félix y Clemente Villca, con apoyo de Roberto Aparicio). ¿Qué más pedir? Acceder al mismo, pues. Por ahora pueden encontrar una versión word en este sitio web. Espero confirmación pero pienso que ha de salir pronto de imprenta en Bolivia y se podrá tener información para adquirir el libro en la página de Ruralter (www.ruralter.org).

Pierre de Zutter, 10 de enero del 2009

Formación: las actividades se diseñan… después

Parece tan evidente – y muchas veces me callo porque tengo la sensación de repetirme siempre, sobre un tema u otro – pero todo el diseño de actividades tendría que revisarse… comenzando por el después.

Es tan evidente pero en todos los campos nuestros profesionales suelen centrarse en la actividad en sí, aquella que han estudiado, y se olvidan de partir del cómo se van a usar los productos previstos.

Es lo que siempre puse en práctica a la hora de preparar publicaciones: definir el Cómo se va a usar. Es lo que planteaba hace más de veinte años en un estudio que me habían solicitado para la alfabetización en el Perú: arrancar con la post-alfabetización. Es lo que nos ha costado decenios – y nos cuesta todavía – con los agrónomos: pensar primero en los usos de la producción para recién ver qué se produce y cómo.

Es lo que – sólo se me ocurre ahora – nos olvidamos en los sistemas de concursos y premios que estamos usando para el desarrollo de capacidades campesinas: ¿por qué no premiamos el uso de los resultados y sólo nos peocupamos por los resultados mismos, por el hecho de haber realizado la actividad. ¿Acaso no podríamos evitar así tantas realizaciones inútiles (por ejemplo cuatro fogones mejorados en la casa de una familia concursante, como lo vimos recientemente)?

En casi todas las materias es lo mismo. Hace quince días, en Bolivia, un amigo especialista en riego me comentaba que, con los concursos de atajados (reservorios de agua) que se realizan en Aiquile, uno ve maravillas de obras, mismas construcciones de los incas, pero casi ninguna mejoría en las formas de aprovechamiento de agua.

Con la formación de personal, con los métodos que estamos empleando, ahí también debería estar lo central: en el post-actividad. Eso resaltaba en una propuesta que me habían pedido los amigos de Procasur para sus Rutas de Aprendizaje: la Ruta debería diseñarse en función del momento clave, aquel en que el rutero retorna a su ralidad, a su medio, debe compartir lo visto y aprendido con sus familiares, colegas y amigos, en que juntos deben ensayarse a aprovechar aquello que creen que les puede servir. Solito, el rutero suele fallar y desanimarse. Muchas son las formas posibles para apoyarlo, durante la Ruta y después para que esa fase sea fructífera, por tanto para que la Ruta haya sido una inversión eficiente.

En recursos naturales, mucho nos hemos entusiasmado con el hecho de que premiábamos “resultados”: deberíamos o bien incluir los usos dentro de lo que llamamos “resultados”, o bien hablar específicamente de usos; hasta podríamos hacer concursos específicamente de “usos”.

En cuanto a formación de personal, esto es esencial. La academia premia normalmente el “conocimiento” como el resultado válido. A nosotros nos interesa la capacidad de uso del conocimiento, en complemento, armonía u oposición a otros conocimientos, dentro de realidades específicas. ¿Los métodos actuales nos permiten llegar a eso? ¿Cuáles podrían servirnos mejor?

Pierre de Zutter, 5 de enero del 2009

Invitación a: 10 claves, 10 clavos y 10 herramientas

Ya que estamos en los desafíos para el 2009, quisiera compartir uno de los que se me han presentado. Pepe Sialer, con quien estamos trabajando el estudio sobre recursos naturales en Sierra Sur, me comentaba en hace un mes lo útil que sería trabajar una nueva versión de las “Diez Claves de éxito para el desarrollo rural”, con los aportes más recientes de la experiencia.

Reflexionando, se me ocurre que el esfuerzo valdría la pena si lo ampliamos, en cuanto a las experiencias involucradas, en cuanto a las temáticas, en cuanto a las modalidades de trabajo y de uso de los productos.

¿Diez claves? ¿Por qué no hablar también de los Diez Clavos que sepultan al desarrollo rural, aquello que necesitamos desaprender para trabajar mejor? Visualizar las trampas que nos frenan o nos desvían podría ser algo útil.

También, recuerdo que en setiembre Carolina Trivelli me refirió un estudio que habían hecho para no me acuerdo quien sobre Diez Herramientas para el desarrollo rural.

Entonces, mi sueño sería que podamos tener en el primer semestre del 2009 una reflexión y debate abiertos sobre Claves, Clavos y Herramientas (¿el martillo?), para profundizar, transformar, reemplazar aquellos elementos que ya tenemos, recogiendo casos, interpretaciones, dudas, etc.

Luego, a base de lo que tengamos, podríamos plantearnos, para el segundo semestre del 2009, alguna forma de procesar, ordenar y hacer accesible y aprovechable todo ello, sin que necesariamente nos encerremos en la artificial (artificio de divulgador) cifra 10, sin que obligatoriamente tengamos que desembocar sobre un libro ni sobre cualquier material “redondo” (también podríamos buscar formas de manejo y uso interactivo y en constante renovación).

Son ideas locas, pero ¿nos podrían ayudar? ¿Quién tiene más ideas locas?

Y si alguien tiene algún soporte más adecuado y constante que mi sitio web o que mi blog para estimular debates y visualizar aportes y quiere prestarse para ello, ¡bienvenido!

 

¿Reinventar la formación de personal para nuestros proyectos?

Sábado 3 de enero: el año apenas empieza y ya es la segunda vez en que, en medio de los parabienes usuales en esta época, se me cuelan solicitudes de apoyo en conseguir personal idóneo para un trabajo rural de terreno en proyectos basados en alguno de los enfoques centrados en la gente más que en las metas y los objetos. Algo sucede ya que eso fue también el signo mayor de mi segundo semestre del 2008: la búsqueda desesperada de técnicos y profesionales que sepan y quieran trabajar con la gente.

Mis respuestas a los colegas son ambiguas: ¿debo contribuir a desvestir a algún santo para vestir a otro? Más bien crece la urgencia de un desafío que viene de mucho atrás pero que se hace cada vez más preocupante: nuestros enfoques y metodologías están logrando superar muchas falencias y tabúes anteriores pero los sistemas de formación, tanto en institutos y universidades como en la práctica misma, no preparan a la gente que necesitamos. Al contrario. La actual multiplicación de maestrías y otros títulos alimenta más el negocio de los fabricantes de cartones que la calidad del trabajo.

Por cierto hemos multiplicado mecanismos diversos, como por ejemplo intentos de aprovechar mejor el “aprender viajando” y conociendo otras experiencias, pero he podido comprobar cuán insuficientes son todavía: sigue predominante el viejo vicio de considerar esas oportunidades como un premio personal (viaje pagado) más que como una obligación de aportar al mejoramiento de la institución, del proyecto y de sus dinámicas de equipo; pocos resultados concretos se ven en aquellas prácticas que encontré.

¿Reinventar la formación de personal para nuestros proyectos, dentro de nuestros proyectos? Parece indispensable. Pero ¿cómo? Quizás tendríamos que comenzar por delirar un poco y soñar todo tipo de caminos.

En diciembre me presté un rato al ejercicio. ¿Incentivamos las familias y organizaciones campesinas a soñar su futuro? ¿Por qué no hacer nosotros lo mismo con la formación de personal? ¿Por qué no aprender de nuestra propia experiencia al ver cómo nuestras metodologías de asistencia técnica a demanda, de secuencia de concursos y premios, han aportado nuevas perspectivas de éxito en el desarrollo de capacidades campesinas?

Soñé que ofrecíamos a “comunidades” u organizaciones de técnicos la posibilidad de fijarse sus propios objetivos de autoformación, de contratar ellos mismos los apoyos que requieran, de competir entre ellos con los resultados alcanzados, de competir entre “comunidades” sobre tópicos mayores, de…

No tuve mucho tiempo para desarrollar mi intento de “oniro-gogía”. Además que uno solo no hace nada. Pero creo que esto podría ser un lindo desafío para el 2009: lanzarnos entre todos a procrear toda clase de ideas locas que nos ayuden a mirar con ojos nuevos este reto enorme e impostergable; y allí donde se hallen algunas condiciones favorables, comenzar a meter mano a la obra.

¿A alguien le interesa este campo de batalla?

Estas crónicas se colocan ahora también en el blog Desarrollo Rural en debate

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